INSOMNIA BOOKS

martes, 23 de junio de 2020

CAPITULO 1 / EL ORGASMO PERDIDO (By Sheykong)

-SOY UNA SEÑORA? - (Autor: Sheykong, Caracas, 2020) Narra las peripecias de una joven ama de casa que se divorcia luego de doce años casada y es cuando entonces decide probar una vida sexual abierta y dispuesta a probarlo casi todo.

 CAPITULO 1 / EL ORGASMO PERDIDO

¿Les gustaría leer una historia acerca de la vida de una mujer separada, libre y feliz? ¿Una mujer aparentemente sola pero con una abundante, rica y divertida vida sexual? Una mujer nunca aburrida y siempre satisfecha? Que cómo lo logré? No fue fácil pero se los voy a contar y tomen nota, pero comencemos por el principio: Mi nombre corto es Bonny, tengo 35 años, divorciada, con una niña preciosa y un ex marido calvo y barrigón a quien le dedique 12 años de mi vida, los que yo creía que eran los mejores 12 años de toda mi vida.

Les cuento que en mi adolescencia me consideré fea, graciosa pero fea, hasta hace unos tres años cuando una serie de eventos muy afortunados cambiaron mi vida para siempre. Mido 1.60 mts, delgada, de culo bien paradito y cosita rosadita, depilada y muy bien cuidada, cabello castaño claro por los hombros, carita linda y nariz respingada con pecas, me encanta mi sonrisa pero nada como mis tetas talla 36B, son pequeñas pero paraditas, con muchas pecas también y pezones rosados de esos que lucen como botones y se notan mucho cuando hay frío y bueno, por su firmeza algunas veces ni uso sostén, yo creo que son cuchis y hasta hace unos años no habían tenido el uso que deberían, al menos no por mi esposo…mi ex-esposo, perdón.

Por espacio de doce años tuve sexo sólo con mi él, a decir verdad estaba muy emocionada cuando nos casamos, tenía veinte años y era una virgen muy tonta, para mí él era todo lo que había soñado, fuimos novios por cinco largos años y en ese tiempo tratamos de mantenernos puros hasta el día de la boda, aunque acepto que hicimos una que otra travesura, como el día que nos masturbamos accidentalmente en casa de mi tía. Les cuento.

Era un sábado familiar de esos donde todos traen de todo y todos colaboran con todo, tíos, primos, demás familiares y hasta amigos atiborraban la casa, entre un jugueteo y otro nos quedamos solos en la planta alta de la vieja casa que casi siempre estaba sola y desde cuya terraza se podía ver si alguien subía, yo vestía unas bermudas cortas con blusita abierta muy fresca, de tanto jugar y corretearnos nos recostamos en un mueble gastado que se encontraba en un lateral del espacio y entre tantos besos le comenté a mi novio que sentía unas molestias en mi cosita cada vez que me excitaba, y era cierto, algo me molestaba allí abajo cuando nos besábamos con pasión, no era dolor, sólo una molestia y el muy caballerosamente se ofreció a dar una revisada cual doctor en Ginecología osea una inspección para asegurarse de que todo marchara bien.

Yo estaba muy emocionada y la idea de jugar al consultorio me ponía muy caliente, me daba mucha vergüenza quitarme las bermudas y aunque mi novio me insistía me negué rotundamente, una cosa llevó a la otra y para ese momento nos comíamos a besos profundos y con una de sus manos avanzó por debajo de la bermuda que, como no era ajustada pues resultaba la vía perfecta para llegar a mi hermoso y cuidado coñito y así fue. Mientras tenía su tibia lengua dentro de mi boquita advertí como su mano izquierda se colaba torpemente por la manga de mi bermuda, sentí como sus gordos dedos luchaban por hacer a un lado mi panty, por cierto, me encantaba usar pantys muy pequeñas, me daban un aire infantil y eso me gustaba muchísimo.

Sus dedos seguían avanzando y ya lograban su cometido, tuve que abrir las piernas para facilitarle el avance cuando por fin logró tocar mis labios con sus dedos, sentí un corrientazo por mi espalda, no sabía que iba a pasar pero tampoco quería estar en otro lado, dos de sus dedos comenzaron a jugar con mis vellitos, yo me afeitaba únicamente por los laditos y eso me convertía toda una punketa traviesa. Allí se entretuvo unos minutos hasta que ambos sentimos que ya estaba demasiado mojada, mi juguito le inundaba los dedos y mi pantaleta estaba super empapada cuando sentí que uno de sus dedos comenzaba a entrar por fin a través de mi húmeda rajita.

Los dedos gordos de mi novio jugueteaban dentro de mí, en unos minutos yo ardía en calor y toda mi vida estaba centrada en esas caricias, si así se sentía un pene pues ya quería uno dentro, era tan suave, como un terciopelo que tocaba mis paredes, cada movimiento me dejaba sin fuerzas y rendida ante sus avances, me di cuenta que avanzó un poco más y mi primer orgasmo ahora parecía inevitable. Mi novio tomó lentamente mi mano izquierda y la colocó sobre su polla que hacía un bulto duro que no me resistí a tocar. Traté de abrir el cierre de su pantalón pero no pude, estaba tan torpe, nerviosa y centrada en sus dedos dentro de mí que fácilmente podrían descubrirnos con las manos en la masa. Mi novio tuvo que ayudarse con la otra mano para abrirse el cierre y desabotonárselo de una vez, ahora si pude tocar ese gordo bulto cubierto por su ropa interior, me asomé un momento y ví que también estaba muy mojado y ese paquete era ahora un enigma para mí.

Nunca había visto un pene, sólo el de mi padre una vez que entré a su cuarto sin avisar y lo sorprendí allí sin querer, desnudo. Recuerdo que me pareció enorme, largo y muy cabezón. Con lo poco que vi fue un recuerdo que aun guardo y las grandes bolas de mi papá me impactaron muchísimo, nunca las olvidé. Pero sigamos en lo nuestro, como pude me abrí paso para poder meter mi mano por la liga de su interior y tocar ese falo que tanto me había imaginado, la emoción que sentí fue enorme cuando comencé a sentir sus vellos íntimos, duros y cerrados como candados. No me contuve y seguí hasta tocar su tronco, recuerdo que estaba tibio y para mi mano pequeña resultaba muy grueso, lo tomé con fuerza y decisión, apenas mi mano cerraba a su alrededor tratando de agarrarlo. Sentí su venas, su calor y estaba muy mojado, eso facilitaba que yo lo acariciara, mi objetivo era llegar hasta la cabeza y así lo hice.

Fue mágico arropar su glande con mi manito, era tan húmedo y tan suave. Apenas comencé a jugar con mis deditos delicados sobre la piel de su cabeza lo escuché gemir y eso fue demasiado para mí, lo hizo justo sobre mi oído, era el primer gemido que escuchaba en toda mi vida! A propósito comencé a subir y a bajar con mi mano, supuse que eso era hacer una paja y era mi primera paja! Lo hice cada vez más rápido tratando de no perder el ritmo, yo creo que su pene no era muy largo pero sí muy grueso. En un momento mi novio arqueó su espalda y lanzó un quejido, arrugó su cara y la escondió en mi pecho dejando de juguetear dentro de mí, sentí algo muy caliente en mi mano, su denso líquido chorreó entre mis dedos, fueron varios embates que me sorprendieron y rápidamente saqué mi mano, muy asustada.

Acababa de hacer llegar a mi novio! Mi mano estaba llena de su leche tibia! Su ropa interior la vi manchada de tanto líquido, sentí un olor como a cloro que inundó el momento. Mi novio sacó sus dedos de mi rajita y quedó rendido y respirando muy fuerte contra mi pecho. Yo no sabía que hacer ni que decir. El sólo me dijo: - Discúlpame por favor.  Yo no entendía nada, sólo me quería limpiar mi mano. Como pude me limpié muy apurada contra la vieja tela del mueble. Mi novio no dijo nada más. Me pareció que estaba apenado, ¿pero por qué? ¿Hice algo mal? ¿Le dolió? ¿Eso fue un orgasmo masculino? Obviamente yo no tuve uno, pero fue muy lindo sentirse acariciada de esa forma por dentro.

Nos levantamos con la ropa muy arrugada, nos arreglamos lo mejor que pudimos y bajamos temblando a la reunión. El resto de la tarde transcurrió en forma muy normal, salvo que mi novio no me volvió a mirar a la cara en ningún momento, era evidente que estaba evitándome. Y yo me sentía muy culpable, pensaba que todos sabían lo que había pasado allá arriba, que se me notaba, ya hoy sé que son cosas de principiante. A cada instante pasaba yo la mano muy disimuladamente por mi nariz porque algo de su olor quedo entre mis dedos y resultaba un placer para mí saber que un poco de su leche quedaba en mi piel, me sentí tan femenina, tan mujer, tan realizada. Mi estúpida sonrisa lo decía todo.

Lejos estaba yo de saber, que lo que sucedió allá arriba era el prefacio de mi vida sexual futura, aún me faltaba probar muchas camas, muchos hombres deliciosos y otros no tanto. Esto apenas comienza para mi rajita y para mí. ¡Que lindo!

CONTINUARÁ

 


2 comentarios: