SOY UNA SEÑORA? - (Autor: Sheykong, Caracas, 2020) Narra las peripecias de una joven ama de casa que se separa después de 12 años de matrimonio y decide probar una vida sexual abierta y dispuesta a probarlo todo ó casi todo.
CAPITULO 25 / ¡QUE
BELLO ES EL SEÑOR ANDREONI! (By Sheykong)
-Señor
Andreoni, quisiera presentarle a mis amigos…él es Eric un buen amigo de la casa
y le presento a Ivette, cariñosamente le decimos “la flaca” –le explico
rápidamente al Señor Andreoni-
-Mucho gusto Señor
Andreoni, bienvenido -se adelanta la flaca como siempre- ¡No hace falta que me
coja cariño para decirme flaca, casi nadie me dice Ivette! ¡Es un gusto
conocerlo por fin! He escuchado mucho de usted!
En ese momento
yo quería que me tragara la tierra o más bien que se tragara a la flaca ¡Que
indiscreta es! Siempre me hace los
mismo, si no hace gala de puta entonces se le escapa lo ordinario. ¡Qué pena
con el Señor Andreoni!
-¡Ah que
ocurrente eres muchacha! –le responde el Señor Andreoni con una gran sonrisa-
¡Mucho gusto en conocerte Ivette!
Eric también
hace lo propio y le extiende la mano al Señor Andreoni, se saludan como buenos
caballeros aunque a mí invitado le cuesta desenvolverse ya que aún carga las
flores y unas cuantas cosas más entre las cuales puedo ver una botella de vino.
Entonces yo
pienso: Bueno, acá voy otra vez, espero no fallar y que este sea un lindo día,
mi invitado es todo un lujo para mí y ojalá le cause una buena impresión en un
ambiente menos formal que la oficina, no tengo idea de que hablar ni que decir,
los nervios aún me paralizan pero como dije antes:
Este es mi
momento con el Señor Andreoni y no lo voy a dejar pasar. Esta vez no.
Esta Bonny no va a fallar. ¡Ahí voy otra vez!
-Señor
Andreoni, permítame –Le hago un ademán para que me entregue las cosas que trae
cargadas-
-¡Ah claro
Bonny! Por aca te traje algo de “panini”
para compartir y unos dulces maravillosos con merengue italiano que venden por
acá, les van a encantar.
-Muchas
gracias Señor Andreoni, que detalle tan delicado.
En un par de
minutos ya estábamos todos instalados en la sala de la casa, el Señor Andreoni
por su propia iniciativa se ha sentado en el mueble largo donde horas antes le
realice una mamada al lindo de Eric, me
resulta muy irónico saber esos detalles, que el Señor Andreoni los ignore por completo, que Eric esté jugando
el juego del borracho olvidadizo y que la flaca conociendo tanta información
trate de contenerse y no hacer una de las suyas, una de sus galas indiscretas,
me refiero.
Me llama la
atención que el Señor Andreoni aún conserva las flores en sus manos y acá
nadie, ni la flaca, se atreve a preguntarle qué piensa hacer con ellas. La
escena por el momento resulta muy incómoda para mí, tanto silencio, mirándonos
unos a otros, la risa nada disimulada de la inmadura de la flaca, Eric con la
mirada infinita pasando aún la borrachera y yo queriendo inventarme algún
motivo para romper el hielo ó para que podamos bajar la tensión ó quizá la
única tensa acá soy yo, pero igual voy a tomar la iniciativa, nada me va a
arruinar la visita del Señor Andreoni, nada, ni yo misma.
-¿Qué desean
tomar? –Preguntó como un buena medida para comenzar a interactuar- ¿Abrimos el
vino?
-Bonny yo te
pediría preparar un buen café cargado, por favor, es más, ¿Lo preparamos
juntos? –Comenta el Señor Andreoni-
-Si, como
guste, yo encantada de ver su receta de cerca, aunque preparar un café carece
de ciencia ¿No Señor Andreoni?
-Al contrario
Bonny, quien no prepara un buen café ¿Cómo prepara su día? El café requiere
pocos ingredientes, pero la medida debe ser justa, cada elemento tiene su instante
para intervenir y luego la paciencia para decantarlo lentamente mientras miras
por tu ventana, ya después sólo queda endulzarlo y disfrutarlo en buena
compañía con una conversación deliciosa, de esas que alimentan el alma y te
aportan retos como ser humano, ¡esas son las buenas!
-¡Bueno,
entonces mi café siempre ha sido un apuro desastroso! –Solté una carcajada que
contagió a todos-
En ese justo
momento aparecen en escena las niñas, tanto Dariela como Camila van a nuestro
encuentro en la cocina y el Señor Andreoni sin dudar, se voltea y se dirige a
atenderlas.
-¡Que par de
señoritas tan bellas! ¿Y quiénes son ustedes? –Les pregunta agachándose un poco
y tomando el ramo de flores, que para nuestra sorpresa en realidad eran dos
ramos, uno más grande que el otro. El Señor
Andreoni toma el ramo pequeño y se lo entrega a Dariela en sus manos-
-Tú debes ser
la niña de los ojos de tu mami ¿O me equivoco?
-¡Gracias! -Le responde Dariela con toda la pena del
caso, su risita nerviosa la delata-
Desde el mesón
de mi cocina soy testigo de uan escena hermosa que ni en mis sueños mas
alocados –coomo siempre digo- creía posible, mi galán hermoso está tratando
dulcemente a la persona que yo mas quiero en este mundo y le trajo un ramito de
flores, me muero.
-Y estas son
para ti Bonny, no te hacen honor pero son las más lindas que logré conseguir
¿Las aceptas? -Me dice el Señor Andreoni mientras se dirige hacia mirándome a
los ojos y logrando derretirme por completo-
-Si, como no,
gracias, que amable, ¡están preciosas! ¡Ay qué lindo es usted! –No pude evitar
demostrar mi desbordada emoción, mientras la flaca me hacía señas que en el
mesón estaban las flores que me había obsequiado Eric el día anterior-
Como pude las
coloqué al lado de las de Eric, dos ramos de flores en menos de un día es un
record en mi vida, me siento muy halagada y pretendida, me siento mujer de
nuevo con estos detalles sencillos, siento que puedo relacionarme perfectamente
y que mi tiempo con Romualdo, fue de aprendizaje y crecimiento, pero este
tiempo es para que disfrute plenamente de un hombre como el Señor Andreoni,
atento y educado, hermoso y galante, siento la seguridad que te otorga saberte
querida o la menos deseada, aún no sé qué busca mi cliente en una mujer como
yo, mientras él puede tener a la chica que quiera a sus pies, pero si lo tengo
acá, es mi momento, mío.
Por un breve
instante pude recordar la última vez que Romualdo me regaló una flor, era un
sábado en la mañana y estábamos solos en casa, él se puso más meloso de lo
acostumbrado y yo le seguí el juego, nos fuimos desvistiendo en el cuarto aún
sin levantarnos y jugamos con nuestras partes, ese día nos reíamos por demás y
se avecinaba una muy rica sesión de sexo marital. La luz que entraba por la ventana de nuestra
habitación nos bañaba por completo y nos otorgaba una palidez que no nos
molestaba, nuestros cuerpos desnudos eran mi paisaje favorito para ese momento
y jugar con el miembro de mi esposo, mi deporte ideal.
No sé cuantos
minutos pasaron mientras nos besábamos con toda la pasión que podía existir en
este mundo, yo estaba entregada a mi gordo y el no hacía más que llenarme de
felicidad con su compañía, cada beso me emocionaba e inevitablemente fui directo
a su pequeña pero gruesa verga a darle los cariños que para mí merecía y así lo
hice. Una vez más perdí la noción del
tiempo, me entregué por completo a ese miembro, al único que había conocido y
al que le había entregado la primicia de penetrarme y explorarme desde joven.
En un momento
de conjunción perfecta y de armonía sexual que sólo se da entre quienes ya se
conocen demasiado, supe que había llegado el
momento de que mi gordo entrara en mí y me hiciera temblar de puro
placer, sin apuros, sin límites, sin restricciones. Allí estaba yo solo para él, mi flor le
pertenecía y mi cuerpo me pedía a gritos hacerme de esa verga cuanto antes, y
como en una danza hermosa me coloqué en posición de recibir una sabrosa cogida,
a zancadas pero con calma y sorteando los enredos del edredón, adopté la
posición de cuatro patas, quise ser su perra y de esta forma le ofrezco lo que
tengo que no es otra cosa que mi raja en pleno, lista, abierta y lubricada al
gusto para ser sembrada.
En esa
posición siempre me sentí perra, muy perra. A Romualdo le gustaba, yo lo sabía
y por eso mismo me atreví a ofrecerme esa mañana de esa forma, tomé la
previsión de tomar las dos almohadas y colocarlas como apoyo debajo de mi cara,
las abracé con gusto y si todo iba bien las mordería de placer o me servirían
para apagar mis gritos, ya que suelo ser un tanto escandalosa y si todo va
mejor aún acostumbro a arañar la cama o agarrarme muy fuerte cerrando mis puños
con una porción de la sábana apretada, así quedo a su total disposición, soy su
esposa pero también soy su juguete.
Ese día en la
sala teníamos un ramo de rosas frescas que recién Romuado me había regalado el
día anterior y que me fue entregando rosa por rosa, fue colocándolas dentro del
auto, en la sala, la cocina y por cuanto sitio me moví la noche anterior por la
casa. El olor de las flores abiertas y
el de los botones que se asomaban inundaban toda la sala y llegaba hasta el
cuarto, no podíamos ignorar tal delicia.
Romualdo se coloca en posición para penetrarme cuando una suave brisa de
la mañana nos recuerda el aroma de las rosas y nuestra complicidad llegó al
límite pues por un breve instante quise ser cogida por mi esposo pero con una
rosa en las manos, una roja, abierta, plena de ese aroma que nos envolvía de
momento, voltee a mirar a Romualdo y tenía esa sonrisa cómplice que yo tan bien
conocía, así que me atreví a decirle:
-¿Amor,
percibes el aroma de las rosas de la sala? –Le pregunté con la voz más suave,
ronca y romántica que pude-
-Sí, una
delicia mi amor –Respondió picándome un ojo-
-¿Estás
pensando lo mismo que yo para este momento? –Le pregunté-
-Si claro, ya
vengo –Me respondió-
Yo me quede
allí encima de la cama en cuatro patas, en mi posición de perra, descansé mi
cabeza sobre las almohadas y no moví un musculo más, me quedé en intacta forma
para esperarlo, imaginé que me iba a traer una rosa para yo tenerla conmigo ó
quizá podía traer el ramo entero y podríamos deleitarnos con su aroma fresco
mientras copulamos, ambas alternativas ruedan por mi mente y me emocionan como
a una jovencita y esperarlo en este posición me excita muchísimo, mi raja está
completamente al aire, piernas abiertas, rodillas sobre la cama, cabeza
descansando sobre las almohadas y ambos brazos rodeándolas, que sexi es para mí
esperarlo así.
Pasados unos
minutos aún lo espero con ansias, con mis ojos cerrados espero su regreso, con las rosas y su miembro en unos minutos dentro
de mí ¿Qué más puedo pedir a la vida? Logro escuchar unos ruiditos en la sala
que no me extrañan pues Romualdo no es nada delicado, no sé por qué tarda tanto
y ya me siento un tanto incómoda en esta posición, puedo esperar un poco más
pero no me explico el motivo de su tardanza.
Sigo
escuchando movimientos, no quiero voltear a mirar para evitar arruinar
cualquier sorpresa que me esté preparando con las rosas o algo más, pero la
verdad pasó mucho tiempo. Me incorporo y
con mucho cuidado de no pisar duro me dirijo a la sala así desnudita y mi
sorpresa no puede ser más mayúscula cuando veo a Romualdo ¡comiéndose con toda
tranquilidad un sándwich!
-¿El tuyo lo
quieres de jamón y queso? ¿O puro queso? –me pregunta muy calmado y tranquilo-
-Romualdo
¿Tienes idea del tiempo que te estuve esperando? No, no…más bien la pregunta
es: ¿Tú sabes lo que estábamos haciendo? –Le grito totalmente perturbada-
-Si, pero
tengo hambre –Sólo eso me contestó-
Me di la
vuelta caminando rápidamente hacia el cuarto, le tiré la puerta y me metí a la
ducha a pasar la rabia, ni se preocupó en seguirme. Le dejé de hablar por varios días como
castigo. Esa fue mi última experiencia con ramos de flores, pero hoy es distinto,
hoy tengo a un bello y maduro caballero frente a mí y a un muchacho hermoso con
nalgas de acero y miembro exquisito sentado en mi sala. Nada mal para una
señora.
La velada se
animó bastante a partir del café, entre las preguntas imprudentes de la flaca,
los gritos de las niñas jugando en la sala, los comentarios mínimos de Eric y
mi curiosidad acerca de la vida del Señor Andreoni, estábamos pasando un rato
muy agradable.
-¿Flaca ya se
van? –Le pregunto a mi amiga mirándola a los ojos con malicia-
-No, yo no
tengo mucho que hacer, es domingo en la tarde –Me responde la muy tonta-
-¿Flaca no
tenías algo que hacer? Tu sabes, aquello que tenías pendiente –Le insisto-
-Bueno, Señora
Bonny, yo sí tengo que irme, hoy no trabajo pero voy a descansar y a aprovechar
lo que resta del día –Interrumpe Eric afortunadamente-
-¿Y por qué no
bajan juntos y así se hacen compañía? –Les propongo con una sonrisa pintada en
mi cara-
-¡Ah! Pero
Harry los puede llevar si gustan, no hay problema –Segura el Señor Andreoni-
-¿Y quién diantres
es Harry? –Pregunta la flaca-
-Disculpen la
torpeza, es mi chofer, el los lleva y vuelve, no se preocupen que no es
molestia para el.
-¿Su chofer?
¡Nos olvidamos de el Señor Andreoni! ¡No
le ofrecimos nada! ¡Qué pena! –Le comento yo muy apenada-
-Ni se
preocupen, no me extrañaría que Harry la esté pasando mejor que nosotros dentro
del auto ¿Vamos? –Comenta el Señor Andreoni con un tono muy chistoso-
Todos nos
levantamos para dirigirnos a la puerta, donde comenzamos a despedirnos varias
veces y a hacer los últimos comentarios de la velada, Eric se despide muy afectuosamente
de mí diciéndome:
-Muchas
gracias por todo Sra Bonny, especialmente por lo de anoche ¡Gracias!
La despedida
de Eric me deja muy preocupada y vuelve a apenarme, no logro descifrar a este
muchacho ¿Y a que se referirá exactamente con “lo de anoche”? Yo creo que este
niño si sabía lo que hacía ¿O no? Me
estresa esta situación, luego veré.
-Me cuentas
todo más tarde…¿Si putilla? –Me susurra al oído la flaca mientras se despide
con un abrazo- ¡Y no creas que no sé qué nos estas botando!
Los chicos
entraron al auto contando con la amabilidad de Harry, se despidieron una docena de veces más y partieron, nosotros entramos
de nuevo a la casa y el Señor Andreoni se volvió a sentar en el mueble largo, justo
donde le di la mamada fantasma a Eric hacía apenas unas horas.
-¡Bonny debo
decirte que este mueble me encanta, es muy cómodo! –Me comenta el Señor
Andreoni- Mi padre decía que si los muebles hablaran tendrían el poder de
acabar con una familia entera, podrían decirnos todo lo que ha sucedido por
años ¿Tú te imaginas? ¡Sería un peligro y una gran ventaja!
-Es cierto Señor
Andreoni, menos mal que mis muebles no hablan –Le respondí riéndome ante su
comentario-
-Por ejemplo
Bonny, ¿Cuántas historias abriga este mueble donde estoy sentado? Si tuviera repentinamente la facultad de
parlar ¿Qué nos diría hoy?
-Ay Señor
Andreoni, ¡Como imaginarlo! ¡Ni idea, pero seguro se quejaría de algunos tratos
que le han dado! ¡Que ocurrencias tiene usted!
¿Sabe? ¡Yo lo prefiero así calladito! ¡No vaya a ser como la flaca y
sufra de incontinencia verbal! -Fue mi último comentario tan nervioso como
jocoso-
Al terminar de
reírnos por la ocurrencia, mi invitado me mira a los ojos y cobra una seriedad
muy tierna, como si quisiera decirme algo importante.
-Bonny, te
quería pedir que no me llames más “Señor”, me puedes decir Mauricio, como mis
amigos –Me dice el Señor Andreoni colocando sus pierna cruzadas y mirándome con
esos ojos claros hermosos que me derriten-
-Ah,
imagínese, me va a costar, es por respeto y bueno, nuestra relación ha sido
laboral más bien, es por eso.
-Te lo estoy
pidiendo Bonny, quiero que me trates como a un amigo y que podamos tenernos
confianza a partir de hoy y llamarme “Señor” no ayuda mucho a mi parecer, bueno
si tu así lo deseas, tú dime ¿Lo intentarás?
-Si…Mauricio…te
lo prometo, lo voy a intentar –En este momento vuelve mi “palpitona” y me
cuesta creer que le puedo llamar por su nombre y además tutearlo-
-Gracias
Bonny, gracias por eso, yo creo que a partir de esta visita que parece
inesperada de mi parte podamos conocernos más y llegar a ser buenos amigos, de
esos que quieren estar juntos siempre, de los que se llaman si no están cerca y
se preocupan el uno del otro, ¿Te parece muy romántico Bonny? ¿Te gustaría? –Me
dice Mauricio con su voz serena que debe tumbar más de una pantaleta-
-¡Claro
Mauricio que me encantaría conocerte!
¿Ya empezamos no?
-Si, Bonny, ya
empezamos.
CONTINUARÁ…

No hay comentarios:
Publicar un comentario